Llega a la industria del capital riesgo con unas señas de identidad poco habituales. Atitlan Capital presenta sus credenciales como nueva gestora de private equity desde Valencia, lejos de los polos administrativos de Madrid y Barcelona, y con una voluntad de especialización muy determinada, el sector agroalimentario.
Con el visto bueno de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) bajo el brazo, Atitlan dispone ya de una primera bolsa de recursos de 30 millones de euros. El proceso de captación se ha cubierto exclusivamente con aportaciones de inversores privados, desde conocidos profesionales del sector financiero hasta algunos family offices valencianos.
Al frente de Atitlan se encuentran dos jóvenes ejecutivos procedentes del mundo de la banca de inversión, decididos a probar fortuna en la arena del capital riesgo. La pareja de socios está formada por Roberto Centeno y Aritza Rodero, ambos con pasado profesional en Goldman Sachs y Merrill Lynch en Londres, de donde regresaron hace poco más de un año para poner en marcha esta apuesta personal.
Dafsa, la primera apuesta
En principio, Atitlan se ha dado un plazo de tres años para colocar los 30 millones de euros entre un total de cinco o seis inversiones, todas relacionadas con el sector de alimentación, bienes de consumo y distribución. Con más de cien compañías (pymes) estudiadas, la primera apuesta del fondo ha sido Dafsa, una empresa de zumos, sopas y caldos proveedora de marca blanca para Mercadona, por un importe de 6 millones.
Tras los años de expansión de la industria del capital riesgo, cada vez con más competencia y, en consecuencia, con menos oportunidades de inversión, Centeno y Rodero consideran que existen más opciones para descubrir deals a través de la especialización, sobre todo si se tiene en cuenta el carácter generalista de la mayoría de las firmas de capital riesgo españolas.
Como recién llegados, además, los dos socios fundadores de la firma pretenden que la gestión de sus primeros 30 millones, a través de Atitlan Alpha, sirva como carta de presentación para un segundo fondo, donde ya habría cabida para inversores institucionales. Hasta entonces, mucho polígono industrial en busca de oportunidades. Uno más en la carretera del private equity.